jueves, 19 de octubre de 2023

EL ASESINO


 EL ASESINO

Esta historia trata acerca de un asesino que mata por dinero. No por encargo, a la manera de un sicario, sino con un mecanismo algo diferente.

Para llevar a cabo su trabajo utiliza unas balas especiales que cuestan mil d贸lares cada una. El sujeto se sienta en una vereda cualquiera con su arma en las manos y, frente a 茅l, coloca una lata donde la gente que pasa puede depositar dinero.

Pacientemente, sin pensar en el tiempo, el hombre aguarda hasta que se haya acumulado el valor del proyectil. Cuando esto sucede, se dirige a la armer铆a, compra la bala, carga su arma y va en busca de la v铆ctima.

Las maneras en que la elige son variadas, seg煤n la ocasi贸n, y en definitiva no es lo que m谩s le importa. Su contrato no habla de nombres sino de vidas. Una vez cumplida la tarea, busca otro lugar, coloca la lata y vuelve a comenzar el ciclo.

Hasta aqu铆, puede parecer un relato extra帽o, delirante, fant谩stico, sin sentido. A menos que imaginemos por un momento que lo que la gente deposita en la lata no es dinero sino odio. Un gran odio de cien d贸lares o un peque帽o enojo de diez centavos. No importa, todo suma. Y puede ser que uno, casi sin pensarlo, haya dejado caer s贸lo una peque帽a moneda y, entonces, se sienta autorizado a pensar que su contribuci贸n es apenas un m铆nimo porcentaje insignificante dentro del valor de la bala. Probablemente sea cierto, al menos desde la frialdad de los n煤meros: diez centavos representan apenas el 0,01 por ciento de mil. Y a lo mejor vimos a alguien que se deshizo de un billete de cincuenta, por lo que, amparados en la matem谩tica, lo consideramos m谩s responsable. Pero tambi茅n, entre tantas posibilidades, est谩 la de que nuestra “insignificante” moneda haya sido justo la que complet贸 los mil d贸lares y que, apenas la dejamos caer, el mercenario haya tomado la colecta y salido a cumplir su misi贸n. As铆, nuestro aporte no fue preponderante pero s铆 definitivo.

Somos por lo tanto responsables de estar atentos, de ver qu茅 generamos y d贸nde lo volcamos. No vale entonces ver las noticias y sentirse ajeno, hablar de injusticia o criticar sin pensar cuando anuncien, en voz impersonal, pausada y antes de ir a un comercial para vendernos aspirinas, que un hombre, sin motivo aparente, acaba de ser asesinado.

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Texto: Dar铆o Straface.

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